Empoderamiento

La felicidad es un asunto de dial

March 20 2015
feliz

Iba a escribir un post sobre lo mucho que odio a la humanidad pero decidí cambiarle el dial a mi mente.

Voy a sonar como una hippie moderna o peor aún como cualquier muchachita de las que se transpiran sudor “nueva era” en sus clases de yoga y se han leído tantos libros de auto ayuda que le podrían dar cátedra a Paulo Coelho. La verdad no me importa. Si algo soy es una persona honesta y aunque no tengo el mínimo reparo en dejarle saber a la humanidad entera (interesada o no) cuando ando endemoniada (neurosis nivel máximo) también he aprendido, a palazos y por la vía más difícil, que somos el resultado directo de lo que pensamos- tú y yo, y todos los demás somos el resultado del inmenso poder de la mente.

Antes de que las racionales extremas se me paren en la cabeza y me digan que es un despropósito asumir que un niño que muere de mal nutrición en África (o más cerquita en Latinoamérica) se lo atrajo con el pensamiento, debo aclarar que no estoy hablando de que el maestro absoluto de la vida sea la dichosa ley de la atracción, por supuesto que hay miles de factores fuera de nuestro control que afectan nuestra historia de vida, pero incluso cómo reaccionamos a esos factores nos da un resultado bien distinto.

Yo solía ser bastante pesimista y respondía a cualquier crítica al respecto con “lo que soy es realista”. Vale, pues que manera más oscurilla la que tenía yo de ver el mundo. No era sino que alguien me dijera fea en el colegio para que yo me hundiera en un hoyo negro de autocompasión y melancolía. Dos psiquiatras, tres psicólogos y años de terapia más tarde nadie me ha declarado aún como depresiva. Claro que le echo la culpa a Barbie por sentir que tenía un cabello inadecuado, por supuesto que la religiosidad de mi abuela y mi falta de bautizo me hicieron creer que ardería en el infierno desde que tenía 5 años, sin duda que el no encajar en casi ninguno de los estándares de lo que se supone es “ser latina” me hicieron sentir fuera de tono, pero a la final lo que ha prevalecido sobre todo es la manera como tengo de ver y creer.

Anoche el mundo corporativo me volvió a recordar porque estoy ansiando salir de él lo más pronto posible: el movimiento de influencias y preferencias saca de sus trabajos a personas talentosas para poner en su reemplazo a otras que están más cerca al corazón del jefe. Estuve a punto de perder uno de mis gigs como copy writer porque la chica a la que le reporto decidió irse de vacaciones, adelantar las fechas y echarme a mi la culpa de que nada estará a tiempo cuando fue ella quien alteró las reglas de juego.

“Todo va a estar bien, bonita, vas para LA y verás que vas a hacer conexiones con gente linda que te va a ayudar en tu proceso,” me dijo Mr. Felipe, la belleza de Holandés que hace un par de meses me robó el corazón. Yo encogí los hombros y decidí agarrarme fuerte a mi Grinch interno.

Esta mañana me subí al tren y decidí escribir un post sobre lo mucho que odiaba al planeta tierra y al mundo corporativo. De pronto la voz de la razón, una mezcla de Mr.Felipe y lo dulce de Trilce me preguntó “¿realmente odias a la humanidad?” Y no, la verdad no. “¿Odias al mundo corporativo?” Pues no, realmente tampoco. La humanidad me llena de esperanza cada vez que veo una sonrisa o un acto justo y de deseo de lucha cada vez cuando leo historias como la de la niña chilena que está pidiendo que le autoricen la eutanasia porque a nadie se le ha dado la gana de donarle los órganos que necesita para vivir. El mundo corporativo es de las cosas del universo que quisiera cambiar, pero no lo odio, y aunque desee con todas mis ansias salirme también soy consiente de que me ha dado mucha experiencia y por ahora me da de comer. Así que, ¿qué hace uno? Agradecer y seguir.

Y ahí le cambio el dial a mi mente: tengo más de cien motivos para estar agradecida, empezando por el simple hecho de respirar; efectivamente me voy al We All Grow Summit de Latina Bloggers Connect en LA este fin de semana y sin estar ahí ya me he conectado con varias chicas con una energía hermosa. Pensé en el email que le iba a escribir a la compañía que me contrató de freelance copy para agradecerles por la oportunidad y todo lo que aprendí. Curiosamente la chica me ganó la partida y me escribió a disculparse por su error y pidió que ajustáramos las fechas. “Lindo y humano” pensé. Alejé de mi mente la idea de los complots del pasado, que finalmente me hicieron irme de un sitio donde hace rato no quería estar. Sonreí.

El poder de la mente, no ese que te trae la mansión de millones con solo desearla, pero si el que te permite ver los millones que ya tienes, concentrarte en el presente y agradecer, por tus manos, por tu voz, por tu familia, por respirar. Ese es el terreno más fértil para cosechar felicidad y logros.